La Gran Tempestad
 
 El azul profundo frente a mí. Las olas salvajes que rompen cadenciosamente se confunden con las rápidas nubes viajeras, en su furor parecen querer arrasar con los granos de arena. Embriagada de sal, ensordecida por el atronador concierto, mis pensamientos danzan al ritmo marino. Una muralla de cumulonimbos se despliega, imponente, poderosas torres de agua cargando el presagio de la Gran Tempestad, a punto de azotar. El furor de la naturaleza me aturde un instante, sostengo la respiración …
 … 
Cae la primera …
 … 
Cae la segunda … 
… 
De un momento a otro, el cielo se desploma sobre mi piel. El aire caliente se enreda con la frescura de las gotas, mientras mis sentidos se inundan con la torrencial lluvia de verano. La atmósfera queda impregnada de humedad, y me mantengo quieta, absorbiendo el instante, mientras mis pensamientos siguen bailando. Cierro los ojos, tratando de recordar el instante en el que todo esto empezó. 
 
 Monica Améndola

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